miércoles, 28 de abril de 2021

SU ÚNICO ERROR: NO CREER EN ELLA (De la serie Daliça Yahon en el lugar de Yuncoslabia)

    La niebla ocultaba cualquier paisaje posible, ni el cerro de Ashlam, ni su oráculo eran visible. Aquel día se quedó sin oráculo, pero la opacidad de todo lo que le rodeaba le susurraba la urgencia de un cambio, urgía que Daliça lo viera todo bajo otro punto de vista, pero le estaba resultando difícil. Quizás había enfrentado el conflicto en el flanco equivocado, quizás el hecho de no querer conflictos, lo único que conseguía era atraerlos con más ahínco. En ocasiones nos ofuscamos creyéndonos partes de un conflicto, juzgando que toda gira al rededor nuestro y, sin embargo, ni somos el centro del universo, ni tan siquiera este sabe de nuestra presencia. Sin embargo, aquel día cuando entró al despacho del director para solicitar un día de descanso, observó que sobre la mesa había un papel en donde ponía su nombre: Daliça Yahon. ¿por qué estaba su nombre? ­-se preguntó, intentando retirar aquellos malos pensamientos de su cabeza, sabiendo que terminarían en una neuralgia-, sin ella pretenderlo estaba siendo el centro de otro conflicto del que no era consciente, ni nadie le había informado todavía. ¡Qué largo se le estaba haciendo aquel curso!, ¡qué inexplicable era todo lo que le estaba sucediendo!

Daliça había llegado a la edad adulta sin ayuda de ninguna pastilla calmante, ni ninguna sustancia química; había pasado infinidad de situaciones conflictivas en las que otras personas hubieran necesitado ayuda, pero ella no; había sufrido fracasos, pérdidas humanas importantes, sin hacer uso de ellas; también había sido dejada de lado por grandes amigas, por hermanos y por personas allegadas, sin la más mínima piedad, y ella no había acudido jamás ni a drogas, ni a ninguna evasión, como tantas personas; más bien había encarado a pecho descubierto cualquier tipo de desprecio o abandono, cualquier tipo de revés. Pero aquello se estaba pasando del castaño oscuro. Si había algo que ella tenía claro, es que ya era hora de dejar cualquier sufrimiento, era momento de actuar, para dejar de rogar consideración de los que le rodean, amor, de pedir ser querida, incluso de ser reconocida, o tratada con la consideración que merecía. Y desde luego no iba a caer ni en estupefacientes, ni en pastillas que le calmara aquella ansiedad que le ardía en la boca del estómago desde hacía meses, desde que estaba en aquel lugar.

Su nombre en una hoja, encima de la mesa del director, no había sido puesto ahí porque sí, había una intención. Todavía no sabía de quién, pero alguien quería que ella lo viera y la máquina de la autodestrucción comenzara su labor. Daliça tenía dos opciones: una indagar sobre la intención de aquel detalle totalmente intencionado por parte el guionista cósmico; o hacer que todo le importe un pimiento, ya que cuanta más importancia le diera antes conseguiría la neuralgia, y la ansiedad.

Dirigió la mirada al papel -la mirada de Daliça era de las más expresivas que podían existir-, una sonrisa apareció en su mirada, levantó una ceja -un gesto muy suyo- mirando a los ojos del director y al papel en un movimiento ligero y subliminal, manejando el lenguaje no verbal a la perfección -seguramente su interlocutor no era consciente del significado auténtico de aquel gesto-. Ella tampoco lo era, ya que no tenía ningún significado, sin embargo, algo dentro de ella la llevó a realizarlo, para hacerle ver que había visto su nombre en aquel papel cutre.

Daliça había comprendido de una vez por todas quien era la que mandaba, ella. Atrás debían quedar tantas personas que habían abusado de su inocencia a lo largo de su vida, esas personas que sabiendo que estaban teniendo un comportamiento abusivo hacia su persona, habían accedido para beneficiarse de cualquier situación -ya fuera económica, social, incluso por sentirse superior-, personas sin escrúpulo moral que habían sido capaz de mentir, engañar, traicionar para conseguir su objetivo. Por fin comprendió que cualquier señal exterior, era eso, externa a ella. Su grandeza consistía en ser ella misma, en su carácter transparente, en su honradez, en su hacer siempre lo correcto, en la sinceridad, en ser una mujer responsable, sin doblez, sin nada que ocultar. Su único error no creer en ella misma.

            A partir de ahora, creería en ella misma, y lo primero que haría iba a ser pedir ayuda a un profesional, alguien que le asesorase.

domingo, 28 de abril de 2019


En homenaje a JOSÉ FERNÁNDEZ-ARROYO FERNÁNDEZ DE SIMÓN, le conocí a través de una entrevista telefónica, y rápidamente me cautivó, a penas manejaba los ordenadores, por lo que no me pudo enviar mucha información, pero su conversación era amena y lucidez. Me estuvo hablando de cómo se vivió el postismo, de cómo escondían bajo títulos cristianos o clásicos poemas, pinturas, esculturas, y arte en general, ya que pasaban la censura. Con él me eché unas risas, de esas escandalosas que me caracterizan, lo que daba alas a una mente con experiencia y mucho tiempo libre.

José Fernández-Arroyo nació en Manzanares en el año 1928. Poeta, escultor y pintor, en 1951 se traslada a Madrid y se relaciona con artistas de la estética postista[1], como los poetas Ángel Crespo, Eduardo Chicharro y Gabino Alejandro Carriedo, o el pintor Gregorio Prieto. A partir de este momento colabora activamente en las revistas del grupo. Deucalión, El pájaro de Paja, la colección Doña Endrina y Triloe, entre otras, son sus primeras manifestaciones literarias, a los que siguen numerosas publicaciones poéticas junto con la revista “Cáscara amarga”.
Además de su obra literaria, a partir de 1962 cultiva la escultura en hierro, una vez que se relaciona, entre otros, con el pintor manzanareño Antonio Iniesta, con los pintores Antonio Guijarro, Gregorio Prieto o Agustín Úbeda y el escultor conquense Leonardo Martínez Bueno. Aunque no se considera escultor sino simplemente “alguien afín a la poética de las artes plásticas”, en su dilatada trayectoria escultórica ha trabajado los diferentes materiales (madera, piedra, bronce, hierro), “Yo me siento más poeta que escultor […] la mayor parte de mi obra es en hierro […] es una obra constructivista y abstracta…”[2], con numerosas exposiciones individuales.
En su obra, totalmente abstracta (figs. 150 y 151), las figuras –de geometría irregular– se disponen unas al lado de otras, con semejanza, existiendo un predominio de la composición triangular y con un cierto alargamiento, buscado por el autor, que evoca una fabulosa emoción espiritual, en una representación de la Humanidad, una metáfora poética, en la que el Hombre toma protagonismo dentro de la abstracción y con una semántica en la que siempre aparece “el hombre” como objetivo fundamental del arte.
En 1999, realiza un Exposición Antológica de su obra plástica en el Gran Teatro de Manzanares en la que presenta las pinturas y las esculturas más representativas de su trayectoria artística, desde su primera exposición individual (1962) en la sala Abril, de Madrid.

Fig. 150.- S/T
José Fernández-Arroyo
Hierro soldado,
120 x 160 x 50 cm, 1998.
Propiedad particular.
Catálogo
de la Exposición en el Gran Teatro
de Manzanares, 1999.

Fig. 151.- S/T
José Fernández-Arroyo
Hierro soldado, (1,20 x 50 x 30cm)
y (1,50 x 60 x 50 cm), 1998.
Propiedad particular. Catálogo
de la Exposición en el Gran Teatro
de Manzanares, 1999.





[1] Natividad Cepeda, El camino andado de José Fernández-Arroyo, “…el movimiento conocido como el Postismo nació en el Café Castilla de Madrid a principio de 1945. Para su presentación se repartieron unas tarjetas que llevaban el nombre de sus fundadores, Eduardo Chicharro, Briones, Carlos Edmundo de Ory y Silvano Sernesi (italiano)…,” Prometeo Digital, 2009, p.35.
[2] M. J. García Rojas, entrevista telefónica mantenida con José Fernández-Arroyo, 29 de abril de 2013.

miércoles, 18 de enero de 2017

VÍCTOR GONZÁLEZ GIL (Talavera de la Reina, Toledo 1912-Madrid, 1992) Su infancia transcurre en una vivienda aneja a la sacristía de la ermita de Nuestra Señora del Prado , desde muy joven muestra su inclinación al arte haciendo figuras de barro con soltura. De familia humilde, es becado en 1926 por el Ayuntamiento de Talavera de la Reina para realizar sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Toledo, recibiendo en 1927 el Primer Premio de Escultura. Tras finalizar su formación es becado por la Diputación de Toledo, matriculándose en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid en el curso 1930-31, sección segunda, donde destaca en Modelado y en Talla en piedra. Entre 1931-1936 estudia en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (fig. 1), obteniendo el título de profesor de Dibujo y Escultura, obteniendo Diploma de Mérito en Estudio de los Métodos y Procedimientos de la Enseñanza, Matrícula de Honor en Enseñanza General del Modelado, así como Diploma de Mérito en Modelado del natural y Composición Escultórica. Miembro de la Generación del 27, funda la revista Rumbos, de arte y literatura, manteniendo excelentes relaciones creativas con Gómez de la Serna, Gutiérrez Solana, Pablo Neruda, Vicente Aleixandre o Miguel Hernández, algunos de los cuales colaboran en ésta y en 1936 recibe el Premio de Modelado del Estado, mientras compagina su actividad creativa con la docente en diversos centros de Enseñanzas Medias. Él mismo se define como un escultor “con pasión”, fuerza que arranca de sus primeros años, con claras influencias del vasco Aurelio Arteta (Bilbao, 1879-México, 1940) o de Solana. Sin embargo, también pertenece a una generación que ve sus ilusiones truncadas por la guerra, con compañeros muertos o en el exilio y la angustia de su permanencia en España. En 1939 trabaja en una imprenta en Madrid, en la calle Garcilaso, ciudad en la que vive y donde trabaja como escultor. En 1940 se traslada a la calle de Abada 2, siendo vecino del coreógrafo Resti, para trasladarse, en 1942, a la calle Fernández de la Hoz nº 58, donde finalmente se establece. Una vez finalizada la contienda, depurado y ante la imposibilidad del reconocimiento de su antiguo título académico se dedica en exclusiva a la escultura, realiza numerosos encargos de restauración y elaboración de imaginería religiosa, en detrimento de otros formatos escultóricos. No obstante, en 1942 realiza Raquetista (fig. 2), siguiendo con bustos y obras creativas. En el Cristo de la Fe (fig. 3), al recoger un encargo rechazado en otros dos autores, demuestra su gran técnica. Habiendo trabajado en la restauración del altar mayor, obtiene el beneplácito del Ministerio de Educación Nacional, que certifica el 30 de marzo de 1943 la similitud con el Cristo anterior. Su ejecución tiene gran repercusión en todo el país, originándole el encargo de otras muchas obras, que fue realizando a lo largo de su vida creativa, principalmente porque no se le reconoce su antigua plaza como profesor. Sus muchas obras, muy repartidas por la geografía española, además de la obra mencionada, el Cristo de La Serradilla (Moscú), La Flagelación y la Oración del Huerto (Madrid) o el Monumento a La Constitución Española (Talavera de la Reina). Entre 1940 y 1944 realiza varias imágenes de La Virgen de la Paz para diferentes localidades, Pueblanueva (Toledo), Chilluevar (Jaén), para las religiosas de La Providencia en Usera (Madrid), para Ciudad Real... Con una ejecución admirable y perfecta, como imaginero es enorme su volumen creativo. Así, en 1946 obtiene la Medalla de Bronce en la V Exposición Nacional de Estampas de la Pasión (Palacio del Retiro, Madrid), con La oración en el Huerto; y, con La Flagelación, la Medalla de Plata en la VI Exposición de Arte Sacro (Círculo de Bellas Artes de Madrid) en 1949. Es en esta época establece su taller en la calle Fernández de la Hoz, en el número 66, al necesitar mayor espacio para dar salida a diferentes tratamientos como policromar, dorar, realizar altares, tronos, carrozas, etc. Realiza numerosas imágenes relacionadas con San Juan Bosco que le proporcionan reconocimiento y fama. Considerado como el abanderado del arte vivencialista en España, o vivencialismo, verdadera primera vanguardia de la posguerra si nos atenemos a cualquiera de sus disciplinas y primera en un ámbito histórico superior si tenemos en cuenta que se establece una “conexión” entre saberes y oficios diversos, como las Matemáticas, el Dibujo, la Poesía, la Medicina o la Economía. Este movimiento, fundado en 1950 por un grupo de intelectuales y artistas entre los que se encuentra Víctor González Gil, reunidos en la Tercera Tertulia del café Gambrinus en Madrid, nombra presidente a Francisco Trujillo Marín. Más tarde (1983), formar parte del grupo “Pórtico 3”, con posterior sede en el Ateneo de Madrid, asistiendo a las tertulias de los miércoles en el café León, en el Círculo de Bellas Artes y en el Café Gijón. Durante los cursos 1951 y 1953 es profesor de Modelado de Instituto de Selección Escolar de Madrid. En 1954-1955 imparte un curso de Dorado en la Escuela de Artesanía de Madrid pues, aunque no se le reconoce el título como profesor hasta más adelante, su fama le permite la contratación en instituciones privadas. Víctor González Gil está presente a través de sus obras en muchos rincones de Talavera de la Reina, en numerosas iglesias, teniendo tallas, retablos (fig. 4), bustos… en numerosas ciudades (Santander, Jaén, Madrid, Moscú…), inventariándosele, en 1982, un total de 41 bustos, 12 esculturas, 120 imágenes, 12 retablos, 14 pasos de Semana Santa, 136 dibujos, 20 grabados y 45 medallas. Fallecido en 1992, deja sin terminar, la imagen del Señor de Las Penas (Ciudad Real), talla completa de madera que representa a un Nazareno en actitud de Humillación con la cruz a cuestas, que es finalizada y policromada por el escultor Faustino Sanz Herranz. En 2006 el Ayuntamiento de Talavera dedica una exposición a la obra y vida del artista talaverano, reflejando la voluntad de sus paisanos de dejar escrito su nombre en la memoria para siempre. Fig. 1.- Adán y Eva en el Paraíso Víctor González Gil. Piedra, 350 x 200 x 40 cm, 1942. Bajorrelieve, ya dibujado en la escuela de Bellas Artes de San Fernando; Colección particular. Fig. 2.- Raquetista Víctor González Gil. Piedra, 1942. Colección particular Fig. 3.- Cristo de la Fe Víctor González Gil. Talla en madera, 1943. Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen y San Luis, Madrid. Fig. 4.- Retablo de las Ánimas Víctor González Gil. Madera, 1943. Parroquia de San Bartolomé. Andújar, Jaén. Para más información: victorgonzalezgil.galeon.com/

sábado, 2 de abril de 2016

LENGUAJES VISUALES

Resurge cual Ave Fénix sobre sus cenizas, el maestro de varias generaciones de escultores en Toledo, y cuando parece que ya el universo nos quiere privar de su arte, él se reinventa dándonos una lección de tesón y perseverancia, y es que su mente creadora no ha cerrado por jubilación, Gabriel Cruz Marcos aún tiene mucho que comunicar, las ideas fluyen ante la impotencia de encontrar el medio para transmitirlas y lo encuentra adaptándose al siglo XXI, una experiencia que ya vivió en otras ocasiones negándosele aquello que él más desea, a la vez que él encuentra la salida del laberinto. Gabriel Cruz Marcos nos presenta siete infografías sobre lienzo, en las que plasma a través de una manipulación informática su universo, aquello que le ha dado momentos reales y con los que ha alimentado su espíritu. Su obra actual de nuevo bebe en las raíces de la figuración como lo hacía en la escultura, sin embargo la temática se centra más en el hombre y no tanto en la naturaleza. Es una obra colorista y alegre que invita a ser colocada en estancias en donde el estado de ánimo estuviera predispuesto al comienzo de nuevas energías positivas. El hombre se torna el epicentro generador de emociones capaces de evocar sentimientos que subyacen en su última temática, la que ocupa la creatividad de Gabriel, él es un observador que se posiciona exento del ambiente a la vez que inmerso en el fluir continuo de energías de las que no puede abstraerse, sino más bien dejarse arrastrar, aquellas que envuelven su creatividad y le llevan a plasmarlas a través de nuevas técnicas, toda una aventura para él. De nuevo me ha sorprendido positivamente, ya que si en su anterior exposición dió el salto a la informática, en esta domina el medio y se siente en su nuevo elemento para continuar transmitiéndonos y creando.

ARTEFACTOS Y REVERBERACIONES

Artefactos y reverberaciones es una exposición que ayer día 1 de abril se inauguró en el hall del hotel Beatriz de Toledo y que permanecerá abierta al público durante los primeros días de abril. El trabajo que se nos presenta está consensuado entre la experiencia médica de Pablo Molina y la escultórica de Francisco López. Ambos se sumergen en la aventura de investigar y descubrir el paisaje interior del cuerpo humano, del que aíslan, discriminan y subrayan aquella parte de los órganos que se encuentra en el interior físico del hombre. En su aventura dan un paso de rosca al mero conocimiento y reflejo del cuerpo humano, ya que en su búsqueda se encuentran con un mundo poético con una semántica propia. La obra, en un principio, se nos muestra totalmente abstracta revelando su semántica solo cuando es explicada. Mientras, su significación se pierde en el mundo de la propia interpretación. A mí me evoca una complicidad que surge ante una totalidad desconocida, es en estos comienzos en los que mis sentidos interpretan paisajes poéticos propios, en ese primer momento en que me encuentro con una obra desconocida y ante la que puedo construir mi propia interpretación. Dos son las obras que quiero comentar, ya que son las que más eco he encontrado: OVULACIÓN En la que nos encontramos una pieza en bronce con pedestal de mármol negro, en donde se nos muestra la confluencia de formas geométricas curvas, en las que una masa ovoide atraviesa de manera perpendicular una pared también curva. Las formas huyen de la perfección geométrica añadiendo valor al efecto funcional frente a la perfección de las líneas geométricas, arrancamos la enseñanza que la perfección del cuerpo humano nos aporta, la imperfección perfecta. Ovulación se me antoja el comienzo de un nuevo proyecto, en el que todo se articula para las diferentes posibilidades, de entre las que sólo surgirá una sola realidad. Sin embargo, la obra nos muestra ese momento primero, el que contiene la totalidad de todas las posibles realidades. Es el momento mágico de lo que todo es posible, en el que puede ser todo o nada. KARKINOS Obra en la que observamos una bola casi perfecta en el fondo de una cavidad hueca abocinada que se encuentra incluida o en el interior de una masa. La obra vaciada en bronce sobre pedestal de mármol claro. Hallase ahí perdido en el valle de la soledad en donde ha anidado enquistado, se encuentra perdido en el vacío de una oquedad, sintiéndose que no es más que el reflejo de una herido pasada, ni siquiera gana su importancia en ser peligroso o mortal, es tan sólo un excrecencia benigna testigo de algo que fue, que pasó. Os aconsejo que no perdáis la oportunidad de participar en este juego de la comunicación artística que nos ofrecen estos dos creativos.

martes, 8 de marzo de 2016

TOLMO. VANGUARDIAS DEL ARTE EN TOLEDO

https://docs.google.com/document/d/1ndYWLFj87DzZklmkjpHulY-4gGGiNcrbYQFUs5RlLlc/edit?usp=sharing https://drive.google.com/file/d/0BxPnCQ0dyqXoUERfR3p3VVNxT2s/view?usp=sharing https://drive.google.com/file/d/0BxPnCQ0dyqXoeUxHZWVibm92Vms/view?usp=sharing

EXPOSICIÓN EN LA GALERÍA BIOSCA



















miércoles, 17 de febrero de 2016

TOLMO 10 AÑOS











TOLMO Y LA DÉCADA DE 1970

https://drive.google.com/file/d/0BxPnCQ0dyqXobmVxMlJQS21JMjg/view

La década de los setenta supone un hito en general para Tolmo. Este tiempo se podría dividir en dos: Los primeros años de la década, cuyo principal hito es la cantidad de trasiego de artistas, que aportarán a los miembros de Tolmo experiencias, ideas, y, sobre todo, un bagaje cultural muy amplio. Tolmo comienza como un grupo de artistas que quieren trabajar para dar a conocer el “arte moderno” en Toledo. Pero lo que ni ellos se pensarían es que, la misma situación  que en su época impedía la propagación de la cultura en la ciudad de Toledo, a ellos le iba a favorecer, ya que ese ambiente de la España de los setenta facilitó el contacto con otros artistas ya consagrados internacionalmente. En estos momentos la organización y exposición de obras de arte, de artistas de renombre nacional se hizo de manera amigable. Los artistas de Tolmo tenían la facilidad de hacerse amigos de artistas españoles  como Canogar, Lucio Muñoz, Juana Mordó, Venancio Blanco, Alberto Sánchez...etc., una lista muy larga de artistas, que expusieron su obra en la Galería y que –gracias a Tolmo– trajeron a Toledo el arte de vanguardia que se estaba realizando en la España –un tanto ya aperturista– de la dictadura de Franco. El contacto con los artistas era directo, sin intermediarios, sin comisarios ni manager, “los Tolmo” y los artistas hablaban y negociaban y la amistad surgía de manera fácil, que eso solo se pudo llevar a cabo dentro de esa  España en la que les tocó vivir, y que a ellos –en otros momentos– les supuso una desventaja por un lado, pero en este caso  les favoreció; en cuanto a la segunda mitad  de la década de los setenta supuso la internacionalización de Tolmo, ya que en este término aunarán sus fuerzas para salir de su ámbito local y comenzarán una serie de exposiciones en el extranjero.
En los primeros años de la década de los setenta, un momento decisivo para Tolmo fue la celebración del Certamen Nacional de Pintura  que se realizó en Santa Cruz de la Zarza (Toledo), donde conocieron a los artistas  Lucio Muñoz[1], Amalia Avia, y al crítico de arte José María Moreno Galván. Esto les permitió el acceso y los primeros contactos con el artista toledano Rafael Canogar, que acababa de obtener el Gran Premio de la Bienal de Sao Paulo, en Brasil. La juventud de los miembros del grupo, y el contacto con artistas de otros lugares impulsan el ánimo  a trabajar por aquello que parece ir contracorriente. En diciembre de 1971, la galería se inauguró con la exposición del toledano Rafael Canogar[2]. Son dos hechos importantes en las vidas de sus fundadores: por una parte emprenden una actividad-empresa, que supone un paso adelante y arriesgado; por otra parte, el apoyo de Canogar supuso la confirmación de que el camino elegido era certero. Sin embargo, visto que el contacto con otras personas le hace bien. Tolmo inicia una “pasarela” de artistas por su Galería. Muchos de los mejores artistas de la época colgaron sus obras en la Galería Tolmo. La retina del artista es como el objetivo de la cámara, la retina ve y el cerebro almacena, no se sabe en qué momento se revelará lo observado. Así en este primer momento, Tolmo –compuesto por Raimundo de Pablos, Rojas, Luis Pablo y Beato– tienen entre sus manos obras de autores figurativos como Venancio Blanco, Perelló, Amalia Avia, así como el profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Toledo, don Cecilio Mariano Guerrero Malagón. Estos crean con un arte muy personal, lejos de lo convencional y, de ninguna manera, anclados en la escuela decimóninoca española. Son de las primeras vanguardias españolas, que han aportado un peso importante al arte español, que ven en el naturalismo la proyección universal de la creación estética. Hay que reconocer que los años cincuenta, sesenta y setenta son confusos para el arte, pero entre la confusión se destacan los seguidores de la novísima estética del naturalismo[3]. Tendrán la oportunidad de ver obras de Lucio Muñoz y de Rafael Canogar, ambos representantes del grupo El Paso, representantes del informalismo y de las segundas vanguardias españolas. Los miembros de Tolmo no se sienten influenciados directamente por ninguno de ellos, pero no cabe duda, que  reafirmará  a los distintos miembros en su posición estética ante el arte.
Así, “los Tolmo” que optan por el naturalismo, figurativismo o realismo, encontraran un apoyo en aquellos; y los que buscan sus manifestaciones plásticas más encaminadas al informalismo, expresionismo u otros “ismos”, verán su espejo en los otros. No se trata de copiar a otros, sino de compartir aquello que está dentro de su mentalidad de esta década. El flujo de ideas no es unidireccional de los artistas que vienen a la Galería Tolmo, sino que  también Tolmo y su diversidad aportan ideas, frescura, ilusión, entrega. En cualquier caso, muchas veces el influjo no procede tanto de las obras, o de su forma de proceder, sino del trato con ellos, de sus planteamientos filosóficos, estéticos y artísticos. Las conversaciones desde la amistad, los comentarios –a veces sin reflexión, pero que dejan ver su interior– afianzan o incluso rectifican aquello que un artista joven está viviendo en sus propios planteamientos.
En la temporada 1975-76 –ya en la segunda mitad de la década de los setenta– Tolmo comienza su proyección fuera de  Toledo. Primero viaja al extranjero, a la galería Sanko de Tokio, después al Centro Cultural de Nara, más tarde  a la Junior Champer de Takaoka. Sin despreocuparse por ello de su carrera nacional. Así,  en la primavera de 1976, realizan una exposición en el Palacio de Cristal de la Casa de Campo de Madrid. En estos momento Tolmo asiste a la Feria Internacional de Basilea (Suiza) ART -7/76, y a la de ARTE-EXPO 76 de Barcelona. También organiza la exposición itinerante de un artista suizo Gubler que recorrerá Toledo, La Coruña, Madrid, Zaragoza, Alicante y Calahorra.  Toda esta proyección nacional e internacional va a aportar al grupo una serie de contactos  e influencias que dejarán huella en su espíritu artístico. En 1977, en colaboración con la Fundación Nika Kai de Japón, organiza una importante muestra de arte contemporáneo español en el Museo de Arte moderno de Tokio que se hace itinerante por Nagoya, Kyoto y Osaka.

Una aventura importante para Tolmo es su apertura a otros ámbitos culturales. Así, se realizan recitales de poesía que tienen lugar en la galería. También se instauran los Premios Adonais y ciclos de cine-coloquios, o recitales de música, como la del guitarrista clásico Demetrio Ballesteros, o los conciertos de la pareja de violinistas Javier Comesaña y Paulina Klotieskalla.





[1] Lucio Muñoz artista informalista estaba casado con Amalia Avia, pintora del panorama artístico español de la escuela madrileña. Nacida en Santa Cruz de la Zarza (Toledo)
[2] Rafael Canogar, expone cedido por la Galería Juana Mordó, ya que Rafael Canogar tenía la exclusiva expositiva en esta Galería.
[3]WORRINGER, W: Abstracción y Naturaleza. 1953. Worringer  define el naturalismo:“...cuando digo “naturalismo” aludo precisamente a todo lo contrario de la pura imitación de la naturaleza, sino el naturalismo como el acercamiento a lo orgánico y vitalmente verdadero, y no porque se hay querido representar un objeto natural apegándose fielmente a su corporeidad, no porque se haya querido dar la ilusión de lo viviente, sino por haberse despertado la sensibilidad para la belleza de la forma orgánica y vitalmente verdadera,   y por el deseo de satisfacer esta sensibilidad rectora de la voluntad artística absoluta. En el naturalismo se aspira a la dicha artística absoluta. En el naturalismo se aspira a la dicha que da lo orgánico-viviente, no a la de lo vitalmente verdadero...”.

miércoles, 3 de febrero de 2016

MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE TOLEDO

MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE TOLEDO

Otro hito importante –tanto para los artistas de Tolmo, como para la contemporaneidad del arte en la capital toledana– será la creación del Museo de Arte Contemporáneo, en 1975, con un grupo de obras depositadas por la Dirección General del Patrimonio Artístico y Cultural, dependiente del MEAC (actualmente MNCARS), donadas en su mayor parte por los artistas representados en sus salas o familias y/o fundaciones (caso de Alberto Sánchez) para la creación del museo y con la decisión de concentrar las posibilidades existentes en el arte figurativo “avanzado”, que según el Ministerio es “un arte que puede tener una más inmediata incidencia didáctica sobre el gran público, que tanto importa en la función educadora y social de todo museo” (Citado en el folleto de la inauguración del museo y en el único “catálogo del Museo de Arte Contemporáneo de Toledo”, Ministerio de Educación. y Ciencia, Comisaría Nacional de Museos y Exposiciones, Madrid, 1975, el museo cuenta en su fondo con obras de los miembros de Tolmo. La creación de este museo ha supuesto para Toledo la posibilidad de tener en la ciudad una ventana abierta al arte contemporáneo, con un fondo compuesto con obras de los mejores artistas[1] del panorama artístico español. El hecho de que se inaugurara en la década de los setenta demuestra  que algo estaba cambiando en la sociedad española que permitió que el arte y la cultura de vanguardia  se establecieran en todos los rincones de España, incluida la vetusta Toledo.




[1] En el Museo de Arte Contemporáneo de Toledo hay obras de Alberto Sánchez, Antonio López, Amalia Avia, Lucio Muñoz, Beruete, Arredondo, Benjamín Palencia...etc.





El Museo de Arte Contemporáneo de Toledo se ubicó en el barrio de la judería, en la calle de las bulas número 15. Abrió sus puertas al público en el año 1975, en cuyos fondos encontramos pinturas, dibujos, grabados, litografías y esculturas de artistas del siglo XIX y XX. Nombres como Aureliano de Beruete, Ricardo Arredondo, Juan Barjola, Antonio López, Benjamín Palencia o Alberto Sánchez (once dibujos y nueve esculturas del escultor cedidas por su familia) forman parte de sus fondos.
El edificio fue adquirido por el Ayuntamiento de Toledo en el año 1962 –su primera finalidad consistía en usarlo como archivo municipal-, en 1973 se cedió a la antigua Dirección General de Bellas Artes, con el fin de crear un museo que fuera filial del Museo de Santa Cruz.
A lo largo de su historia el museo ha soportado diferentes restauraciones, aún recuerdo las primeras obras que se acometieron para convertirlo en museo, yo era una niña con tan solo 9 años que en el camino hacia el colegio se encontraba con los albañiles restaurando una casa toledana, diariamente observaba los materiales que siempre eran de gran calidad y el esfuerzo por hacer que esa casa fuera habitable. En mi pensamiento solo había una cosa, en esta obra se estaba gastando mucho dinero y seguro que sería para un fin importante. al finalizar la obra comprendí que el esfuerzo y el dinero que se había gastado era para un museo y un museo que albergara obras de arte, no me extrañó, ya que conocía la labor del Grupo Tolmo, para mí el arte contemporáneo formaba parte del paisaje de mis ojos y estaba cómoda observando ese paisaje. Sin embargo casi cuarenta años más tarde el museo permanece cerrado. Hoy me pregunto ¿cómo se ha podido retroceder tanto?, cuando Toledo había conseguido algo muy importante para la ciudad y sus ciudadanos.
En el año 2000 se graba este vídeo en el que aparecen Paco Rojas y Jule, ambos miembros del Grupo Tolmo: https://www.youtube.com/watch?v=eH8Sg3QorKY

lunes, 1 de febrero de 2016

AROLDO


CARTA DE LUIS PABLO GÓMEZ DE VIDALES A AROLDO
 ADIOS AROLDO




 Me dan la noticia que en estas fechas festivas, el mismo día de navidad ha fallecido Aroldo; un amigo en la distancia tanto del espacio como del tiempo.
No tengo duda alguna que este personaje merecerá palabras mas amplias y mejor construidas que esta breve reseña, que a modo de epitafio quiero dedicar a este compañero de andanzas estéticas y vitales en una época entrañable, probablemente irrepetible y preñada de experiencias.
Fue Aroldo una imagen original, romántica, extravagante y moderna sobre el horizonte de un Toledo ensimismado, nostálgico, historicista y posado en una aptitud de arte arraigado en las normas y reglas de un pasado, repetido una y otra vez como aquellos “moldes” de escayolas que sacados de los aprendizajes de la  Escuela de Artes, los toledanos colgaban en sus patios y corredores.
En aquellos tiempos este suizo con galgo, capa negra, delgado y con pipa, se acompañaba de una mujer  también extranjera y de rubia belleza; recorría la ciudad, saludaba a sus vecinos, visitaba sus tabernas y terminaba metiéndose en su “Renault  4-L”, para asombro de todos sus conocidos.
Traía Aroldo en sus carpetas el afán del orden, la pasión de la secciona urea, del equilibrio, del análisis y de la sintesis; en definitiva aires  y aromas de una forma de concebir el arte allende los pirineos. Tenia una manera de ejercer su prestancia de pintor con la imagen de la austeridad, la sombra permanente de la bohemia, los platos de espaguetis con queso, el fuerte aroma del tabaco de pipa y una voz potente y muy a menudo cargada de gracia y alegría, por supuesto impropia de un extranjero suizo, según los prototipos toledanos de aquellos años.
Aroldo llego a Toledo en el año 59, venia de Genova cargado de aires Italianos; ese año yo había llegado a Toledo desde Ocaña, tenía 11 años y los ojos llenos de meseta, luces y sol castellano.
Me acostumbre a ver al pintor extranjero de capa y galgo, antes de decidir que lo mío seria el dibujo y la pintura; diez años  más tarde ya firmaba mis propios cuadros y miraba a Aroldo con el reojo de la admiración y la inocente envidia.
Tome caminos y derroteros que no coincidieron con Aroldo, y eso que vivió en la zona del arrabal a doscientos metros de mi casa, donde transcurrido el tiempo tuve la oportunidad de visitarle con reiteración y amistad
También le encontré posteriormente en la calle pozo amargo, lugar donde el tenia un estudio, y yo junto con otros jóvenes pintores estábamos cultivando la vid de Tolmo, un colectivo que pronto daría sus frutos dentro del arte de vanguardia y la cultura de trinchera en Toledo . A este Tolmo se incorporaría Aroldo transcurridos los dos primeros años y junto a su talante de orden y equilibrio, austeridad y bohemia nos trajo el aroma oriental de Kassue, mujer con la que nuestra internacionalización de Tolmo alcanzo su punto álgido. Y así hasta el cumpleaños de la primera década de Tolmo, Aroldo y Kassue nos dieron en la calle Santa Isabel junto con su entrañable compañía, momentos de interés y vivencias de autentico intercambio plástico y estético.
Nuestro amigo Aroldo partió de Toledo, posiblemente con la sensación de no ser del todo comprendido o plenamente aceptado, guío sus pasos a tierras de Almería donde ya había realizado múltiples incursiones, y por allá se quedo a la sombra de la Alcazaba, entere caseríos populares donde tenemos constancia que realizo interesantes tareas de integración entre la gente y su arquitectura. Seguramente si tuvo en Almería el reconocimiento que el siempre espero de Toledo; pero nunca supo Aroldo que esta ciudad, nuestro Toledo, nunca termina de reconocer a sus personajes, naturales o foráneos, pintores o poetas,  músicos o de cualquier otra manifestación artística y cultural; si lo hubiera sabido, quien sabe, a lo mejor no nos habría abandonado allá por los años ochenta.
Ahora recibimos el luctuoso mensaje de su adiós, y al menos desde mi parcela, y con el convencimiento que coincidiré con más personas, vaya mi saludo afectivo y sincero para Aroldo, que recorre su último viaje.


Entre 2012 y 2013.


Luis Pablo Gómez Vidales
Un amigo de Aroldo.






Aroldo por Fernando de Giles, “Catálogo de “Tolmo 10 años”
Llegó hace veinte años a Toledo llamado por la luminaria, incandescente, llamarada, lumbre del Greco. Era él mismo una luciérnaga huida de la tierra del oso y se posó en un alero de Zocodover. Miró  hacia abajo y vio una reata de burros aguadores cruzar la plaza, un soldado caqui pelando la pava bajo los soportales y una geometría de tejados tangentes a la catedral. Como de reojo, enseguida se percató de que el reloj del Arco de la Sangre atrasaba.
Había entonces aquí dos cafés que se llamaban “La Suiza” y “El Suizo”, y Aroldo debió pensar que algún compatriota le había tomado la delantera, pero enseguida se dio cuenta que no y, además, el tiempo y los banqueros le irían quitando el paisanaje y el café. Llegó y se quedó, digo, atraído por el Greco, y creo también por eso que tanto llama la atención a ciertos europeos: lo pintoresco (no lo típico, que es distinto y sólo atrae a los turistas), como a Rilke o más bien como a Prosper Mérimée.
Si no fuera por cierto perfil de osamenta equina sobre sus altos hombros, el espectro de su figura le hubiera prestado bien a Don Quijote, Aroldo, como él, era serio y circunspecto y sólo le distanciaba del hidalgo caballero –además de la osamenta- el que no estaba loco. Un borrico, en Totanés, le sirvió de sancha cabalgadura para comprobar molinos. Y una galga, “La Bruja”, que era como el complemento horizontal de su figura de veleta. Vino y se quedó. Y se puso a pintar.
Al poco hizo de Toledo lo que nadie antes jamás había visto: lo enmarcó entre un cartabón y una plomada y levantó lentamente, con precisión, el plano milimétrico, a mano alzada a veces, otras a cordel, de su telurismo arquitectónico. A nuestras mozas, que Aroldo, espiaba tras los cardenalíceos pliegues de su capa la pardilla, el pintor las convertía en óvalos, poliedros y fórmulas matemáticas. Convirtió en estampas populares, intelectualizadas por su manaza, las sillas de enea, las cucharas de palo y los botijos de agua de anís. Introdujo la sandalia polvorienta que se sujetaba en el dedo gordo. Nos paseó por las penumbras de los toldos del Corpus Christi una divagación oriental.

En Tolmo fue mucho tiempo la barra de platino iridado de medir los sueños, oficio que un buen día dejó, cuando, tal vez recordando su llegada, se hizo otra vez oruga, y desde el alero de Zocodover extendió su clara pupila, como de Tajo sin contaminar, y no encontró los burros aguadores, la pava del soldad, y se percató que daba bien la hora el reloj del Arco de la Sangre. Y viajó una vez más sediento siempre de lo pintoresco a buscar azules de añil y verdes de persianas allí donde más hería el sol. Y aunque Aroldo reniegue del greco, como él, nunca podrá escapar ya de la historia de la pintura toledana, porque, colgada del alero, enganchada en un canalón de cine, se dejó un día para siempre su más vieja plomada.
ESCUELA DE VALLECAS

Al término de la Exposición de Artistas Ibéricos, muchos de los participantes, como se ha dicho, toman la determinación de viajar a París, centro capital del arte europeo; sin embargo, no ocurre así con el pintor albaceteño Benjamín Palencia, ni con el escultor toledano Alberto Sánchez, quienes permanecen en España trabajando su propio lenguaje, muy apegados a la naturaleza castellana, “…Palencia y yo quedamos en Madrid con el deliberado propósito de poner en pie el nuevo arte nacional, que compitiera con el de París…”[1]. Así, trascurridos ya dos años de ésta, comienzan una etapa en la que ambos se sienten muy cómodos paseando creativamente por la naturaleza y es, en contacto con ésta y mediante largas conversaciones, cuando plantean la renovación del arte español[2] como respuesta al movimiento vanguardista internacional. Ambos sienten la necesidad de revitalizar la tradición del paisaje castellano, pero a través de un lenguaje propio. Así, a una temática tradicional aportan una renovación formal del Fauvismo y del Cubismo, para lo que utilizan sobre el lienzo un emplaste grueso y texturado, consiguiendo la unión de la tradición formal con la renovación creativa.
El grupo no emite ningún manifiesto plástico, ni una orientación estética aglutinante. Inmersos entre el postcubismo y el Surrealismo naciente, todo su objetivo se centra en que el lenguaje artístico español compitiese con los posicionamientos vanguardistas europeos. Dice Alberto Sánchez, “…yo quería hacer un arte revolucionario que relegase una nueva vida social, que yo veía reflejada plásticamente en el arte de los anteriores periodos históricos, desde las Cuevas de Altamira hasta mi tiempo. Me di a la creación de formas escultóricas, como signos que descubrieran un nuevo sentido de las artes plásticas. Me dediqué a dibujar con pasión, de la mañana a la noche. A través de aquellos dibujos que hacía para buscar posibles esculturas, para darme cuenta de que era sumamente difícil salir de todo lo que a uno le rodea. Esos dibujos que mostraba y que nadie entendía porque los veían fragmentados; para mi estaba claro que eran trozos de caballo, de mujeres, de animales, mezclados con montes, campos, trozos de maquinaria. Eso me llevó a la conclusión de que todo lo que pudiera hacer yo en forma plástica existía ya. Entonces vi clarísimamente, según mi punto de vista, que nunca lograría crear cosas inexistentes…”[3]
A partir de 1927, los miembros se citan en Atocha hacia las tres y media de la tarde de cada día; éste es su punto de partida, desde donde hacen distintos recorridos buscando motivos inspiradores de su creatividad. Uno de ellos irá por la vía ferroviaria hasta las cercanías de Villaverde Bajo y, sin cruzar el río Manzanares, siguen hacia el Cerro Negro, desde donde se dirigían hasta Vallecas. Terminaban en el Cerro Almodóvar, que lo bautizaron como “Cerro Testigo”, pues desde él debía partir la nueva visión del arte español. “Aprovechamos un mojón que allí había, para fijar sobre él nuestra profesión de fe plástica, en una de sus caras escribí mis principios; en otra, puso Palencia los suyos, dedicamos la tercera a Picasso. Y en la cuarta pusimos los nombres de diversos valores plásticos e ideológicos, los que entonces considerábamos más representativos; en esa cara aparecían los nombres de Eisenstein, El Greco, Zurbarán, Cervantes, Velázquez y otros.”[4]
A estos contactos con la naturaleza, se unen los pintores Juan Manuel Caneja, Maruja Mallo, Luis Castellanos o Luis Felipe Vivanco, así como literatos de la talla de Federico García Lorca, Rafael Alberti o José Herrera “Petere”. Todo un elenco que aportará un panorama artístico de la situación inmediatamente antes de la Guerra Civil, que fue el nexo de unión para los planteamientos que se retomarán una vez finalizada esta contienda.


https://drive.google.com/file/d/0BxPnCQ0dyqXoOUhiVXVfT0hoQzA/view
http://www.vallecastodocultura.org/cabecera/HISTORIA/Escuela.htm




[1]R. Chavarri, Mito y realidad de la Escuela de Vallecas. Madrid, Ibérico Europea de Ediciones, S.A. 1975, p.37.
[2]Ibíd., “…afirman su deseo de un reencuentro con lo español y de manera más concreta con el medio rural…”. p.18.
[3]Ibíd., p.30.
[4]Francisco Calvo Serraller, Escuela de Vallecas (Libro editado con motivo de la Exposición de autores de la citada escuela, en el C.C Alberto Sánchez, entre el 18 de diciembre de 1984 a 23 de enero de 1985). Madrid, 1984, p. 37.